138.- Los micrófonos, la gramática y la Revolución francesa
2004-10-28 07:27:08 – Asun Undabeitia
Tema: Las palabras
Resumen: Que trata de algunos demostrativos que son capaces de salvar vidas
Texto: Otro de nuestros micrófonos, sofisticadamente escondido en un diccionario Griego Clásico-Euskera Batua, nos ha informado de que corre el rumor de que los de
La Gran Oficina estamos siempre muy enfadados, como con mala cara y así; y, quizá, es momento de reconocer que tenemos serios motivos para estarlo, y es la cosa que se nos mueren las madres, nos pegan a las amigas, nos extorsionan a las cocineras, nos violan a las niñas y publican en cualquier sitio cómo lo hacen, dejan morir de hambre a las hijas de los vecinas, envenenan con agua sucia a las sobrinas de unas conocidas que se fueron de aquí, cuando aquí hubo mucha hambre, y, finalmente, dicen que no pasa nada porque todo ello se lo han hecho a “la mujer”, es decir, a una idea, que lo último que tiene es carne y hueso.
Y la noticia es que ha llegado, por Correo Certificado y Urgente, el pliego que se perdió el día de
la Revolución Francesa, con tanto muerto ya se sabe, aquel en el que se nombraba ciudadana a La Mujer. Lo que simplemente quiere decir que nadie puede pegar o violar o matar de hambre o envenenar a La mujer, sino que, a partir de la aparición del famoso pliego, cualquiera que levante el brazo, o lo que sea, lo hará contra esta mujer, no contra la mujer.
Como se puede ver, el pliego hablaba de Filología y de Gramática, y de cómo un demostrativo bien utilizado puede llegar a salvarte la vida.
El pliego había estado guardado en París, junto a las dos barras de platino que correspondían exactamente a la diezmillonésima parte del cuadrante del globo este en el que damos vueltas.
Traducir al euskara la palabra ciudadana ha sido relativamente fácil, ya que la palabra ya existía, y se trata, claro, de la palabra andrea, y es que el euskara, como bien sabían Guillermo Humboldt, Victor Maria Hugo, Ernesto Hemingway… y sabemos los de La Gran Oficina, ha sido siempre una lengua maravillosa.