166.- La Teoría de la Literatura a la luz de la Ciencia Ficción
2004-11-30 18:01:39 – Asun Undabeitia
Tema:
Resumen: Es ley de vida y de muerte que cuando más a gusto se está en un sitio es justo cuando hay que irse, a veces, incluso, muertos
Texto:
… Si en una asignatura que puede ser considerada el paradigma de la Ciencia Ficción, como es La Teoría de la Literatura un profesor te pone un dos y medio, después de haberte enseñado tu examen en el que te había puesto un tres, macho, es que no vas a aprobar la asignatura antes de que el dicho profesor se jubile… así que, macho, mejor te vas matriculando en Derecho…
le decía el uno al otro en un chiste para filólogos del que no tuvimos la ocasión de oír el final.
El chiste lo contaban unos bulego-handiños que acaban de llegar a la oficina, sin otra misión, al parecer, que decir que no están de acuerdo en absoluto con nada de lo que aquí se va diciendo. Sobre todo han mostrado su disconformidad, a veces de muy malos modos, con los viejitos Lagharan O’fis; añadiendo, diríamos que incluso a gritos, que una de las famosas funciones de la literatura permite al hablante, (y, en su defecto, al escribiente) la ficción de realidades que nunca han sido, y que nunca serán; y pone de manifiesto una dimensión inquietante: las posibilidades del lenguaje como el instrumento preciso del engaño…
Por nuestra parte, no queremos entrar en polémicas, y únicamente nos resta añadir que tampoco era la cosa como para ponerse así; menos aún cuando esa función del lenguaje de la que hablan los recién llegados bulegandiños, lleva el nombre de lúdica, lo que, para entendernos entre nosotros, quiere decir, más o menos, juguetona. Palabra que nos recuerda a un cuentito que habla de “Un día de escuela” y que, dedicado a una tal Mariasun, llegó por
La Gran Puerta el otro día. Que llegara sin el nombre del autor no la hace menos divertida:
… “Olvidando que tenía ochenta y tres años cumplidos, se levantó temprano, bebió a todo correr el café con leche, puso bajo el brazo el cuaderno y, tropezándose todo el tiempo, se dirigió escaleras abajo. No siendo largo el camino de su casa a la escuela, lo recorrió rápido, poniendo el pié izquierdo sobre la acera y el derecho sobre la calle. Y canturreando la canción de los dibujos animados de la tele, llegó justo cuando estaba sonando el timbre para entrar en clase. Se sentó en su pupitre y la maestra ordeno silencio. “¡A ver_ dijo_ quién sabe la lección de hoy! ¿Cuáles son las características del Paleoceno?” Mientras los niños bajaban la mirada, haciendo que no habían oído, la tercera edad levantó enseguida la mano, poniéndose de pié con el permiso de la maestra, y, de memoria, recitó: “El paleoceno comenzó hace sesenta mil años, el norte de Europa se sumergió bajo las aguas y los saurios gigantescos desaparecieron…”
El cuento nos llegó anónimo y en euskara y nos hemos tomado el trabajo y la libertad de traducirlo al español; si alguien sabe quién fue el que escribió el cuentito puede hacerle llegar nuestra traducción, y puede también preguntarle, de paso, su opinión sobre la misma, y, si no fuera demasiado pedir, puede también hacernos llegar todas esas informaciones, poniendo en el sobre con letras bien grandes: Bulego Handia.
Fijo que llega.